El prestigio del supervisor español ha crecido por el éxito de las provisiones anticíclicas, pero el modelo se basa más en la autoridad y la férrea inspección

“Después de tantos años trabajando en un organismo gris, que ha sido muy criticado, ahora uno no sabe cómo tomarse los elogios”, reconoce con sinceridad y algo de escepticismo un ex alto cargo del Banco de España.

El hecho es que la crisis financiera internacional ha sacado a relucir las bondades del supervisor español, que está recibiendo más alabanzas que nunca. No se ha permitido a las entidades contratar productos tóxicos, las entidades tienen más capital que la media y cuentan con un fondo anticrisis único en el mundo.

Primero fue la prensa anglosajona y luego el Banco de Inglaterra -que no supervisa a las entidades- quienes aplaudieron a la institución española. Sin embargo, desde el mercado y el propio Banco de España se ve con escepticismo esta etapa de laureles.

En el mercado, los observadores más finos no creen que sea positivo sacar pecho porque la situación financiera es incierta y pueden llegar sorpresas desagradables en cualquier momento. También recuerdan que en España no hay ningún gran banco de inversión nacional (todos se dedican a la banca comercial), lo que ha favorecido que no haya productos subprime.

Lo más llamativo de la actuación del supervisor español ha sido la creación de un fondo de provisones anticíclicas, a finales de 1999. Entonces el Banco de España estaba regido por el tándem Luis Ángel Rojo, gobernador, y Miguel Martín, como subgobernador. Los herederos, Jaime Caruana y Gonzalo Gil, que en llegaron en verano de 2000, implantaron el sistema.

La despensa llena

Consiste en hacer provisiones a medida que crecen los créditos, aunque no haya morosidad, para utilizarlas cuando lleguen los malos tiempos. Esos que ya han llegado. Algunas cajas han empezado a utilizar esta despensa porque los morosos están cerca del 3% de media. En total, se acumularon 35.000 millones en estas provisiones. Según Íñigo Vega, analista de Iberian Equities, para mediados de 2009 las cajas habrán consumido todo su fondo extraordinario y a los bancos les quedarán casi 5.000 millones. Este colchón ha servido para ganar tiempo y no tener que cubrir la morosidad a costa de los beneficios, que es lo que han hecho sus rivales europeos.

Pero este fondo es una consecuencia de un modelo de supervisión implantado durante décadas después de haber vivido dos crisis bancarias. Esta forma de trabajar (implantada por los directores generales, sobre todo de supervisión) ha proporcionado un prestigio a la institución que le permitió soportar las presiones de bancos y cajas cuando se les obligó a restar los 35.000 millones de sus beneficios para el fondo anticíclico. Incluso ha sobrevivido a la nueva legislación internacional, más liberal en este aspecto.

La idea del fondo anticíclico se gestó tiempo atrás. Lo que marcó a la institución fue la crisis de final de los años setenta, cuando quebraron más de cincuenta bancos, y la de Banesto, en 1993. Entre ambas fechas, unas cuarenta cajas desaparecieron del mapa absorbidas por otras, para evitar su caída.

La primera crisis demostró que no había instrumentos para hacer frente a una situación como ésta. Basta recordar que el Fondo de Garantía de Depósitos se creó 1980 (el de bancos) y en 1982 (el de cajas). Con esta experiencia se redactó la Ley de Disciplina e Intervención de Entidades de Crédito en 1988, que sigue siendo la base actual.

Llegó la crisis económica de 1992 y Banesto se hundió casi sin que el supervisor pudiera hacer nada para evitarlo. El mal trago vivido marcó a los gestores que vivieron la experiencia, sobre todo al entonces gobernador Mariano Rubio. Ahí se comenzó a gestar otro sistema de supervisión, muy pegado a las entidades y con más control del riesgo.

De hecho, las cuatro grandes entidades (Santander, BBVA, La Caixa y Caja Madrid) tienen inspectores empotrados con libre acceso a los ordenadores. Ésta es una de las principales características de la supervisión, que le diferencia de otros bancos centrales. En el sector se considera que otros supervisores europeos, con la excepción de Holanda, son más laxos y colaboradores con los bancos que el supervisor de la Plaza de Cibeles de Madrid.

Otro elemento que ha jugado a favor del supervisor español -que ha estado relativamente alejado de las disputas políticas- es que ha habido continuidad en la política. Los cambios en el puente de mando nunca han supuesto golpes de timón. De esta manera, la institución ha conservado una aureola de solidez, rigor y seriedad, que se mantiene hasta ahora.

Con este bagaje, los ejecutivos del Banco de España han tenido una gran capacidad de “influencia” sólo con “sugerencias”, sin que fuera necesario ordenar el sector a golpe de circular. “Dábamos consejos como lo puede hacer un padre de familia a sus hijos, o quizá algo más, pero no podíamos meternos en la gestión de las entidades”, resume un ex alto cargo del organismo.

Fuente | elpais.com