“Al final de la crisis, habrá cadáveres sobre el terreno y nosotros aprovecharemos la ocasión para crecer”. Este bélico presagio suena con fuerza en la sede de un banco doméstico español, consciente de que la fortaleza es cualidad exclusiva de algunos. Para ahorrar costes, para ganar capacidad de negociación o, sencillamente, por la imposibilidad de sobrevivir a la mayor crisis económica desde la Gran Depresión, el proceso de concentración bancaria inicia en España su cuarto episodio.

Nadie conoce mejor los balances de bancos y cajas de ahorro que el organismo que se encarga de controlarlas. Por ello, las palabras de Miguel Ángel Fernández Ordóñez, gobernador del Banco de España, adquieren gran relieve y sirven de augurio a la hora de definir el futuro del sistema financiero español. MAFO habló el mes pasado de “procesos de consolidación bancaria”. José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno, comparte esta visión. Las cajas vascas BBK y Kutxa, también.

¿Por qué se iba a quedar España fuera de un proceso de integración bancaria presente en el resto del mundo? Por diferentes motivos, liberalización, crisis o cuestiones de tamaño, la banca española se ha metamorfoseado en tres ocasiones durante el corto periodo democrático. A ello se une el último gran proceso: la internacionalización de los grandes grupos bancarios que se crearon entre 1978 y finales del siglo XX.

La crisis financiera global, derivada del pinchazo de la burbuja hipotecaria en EE UU tras varios años de dinero gratis, ha exacerbado el brusco parón del sector inmobiliario en España. La liquidez no fluye, la actividad empresarial se detiene, el paro aumenta, la gente deja de pagar sus créditos y los bancos comienzan a padecer de forma severa la morosidad. Los medianos, más expuestos al ladrillo y menos diversificados son los más afligidos y, por ende, los que entran en todas las quinielas para integrarse en un grupo mayor.

Los analistas consultados por este portal creen que la lógica indica que los “bancos buenos” absorberán a los “bancos malos” en un proceso que comenzará el próximo ejercicio y que llevará a la integración de la banca mediana española, por un lado, y las cajas de ahorro, por otro. Sobre todo éstas últimas, muy atomizadas por diferentes comunidades autónomas, y cuyo pistoletazo de salida ya lo han dado BBK y Kutxa.

“La consolidación va a ser inevitable en meses vista, una vez que se estabilicen los mercados de CDS (credit default swap) y el interbancario, y en la banca mediana todas las quinielas están abiertas”, comenta Alberto Castillo, analista de Capital Bolsa. “Es muy probable que en momentos bajos del ciclo se produzcan fusiones defensivas, ya se ven en las cajas”. Castillo ve indispensable que exista mutuo acuerdo entre los órganos de gestión (“no valen las opas hostiles”).

El analista cree además que el Gobierno alentará los movimientos corporativos “para reforzar el sistema financiero”, por lo que las cuestiones de competencia quedarán relegadas a un segundo plano. Es decir, si Banco Popular y Banco Pastor, tercer y séptimo banco español, deciden unir fuerzas, competencia no obligará a acometer un proceso de desinversión que vaya más allá del deseado por los propios bancos para evitar solapamientos.

“Es bueno que los bancos buenos compren a los malos para no tener muertos vivientes, es la oportunidad para los bancos agresivos”, expresa un analista de bancos que prefiere guardar el anonimato. “En este momento, no hay ningún banco en necesidad, algunos están más tocados, pero aquí la cuestión es si pueden salir solitos de la crisis”.

Este experto destaca que en España no tiene porque existir mucha lógica industrial. “El regulador te dice que te fusionas y te fusionas”, expresa. “El Sabadell va a intentar jugar sus bazas, y no descarto que los grandes [BBVA y Santander] compren algo”. El analista considera que el Banco de España no quiere a ningún banco en apuros, y que antes de que eso suceda obligará a acometer fusiones.

Uno de los principales objetivos pasa por el ahorro de costes, tal y como dijo el propio gobernador del Banco de España. “Las economías de escala que ofrecen los procesos de consolidación bancaria -y que tanto atractivo generan en los medios- es una de las vías para acometer esa racionalización de las estructuras de costes”, explicó el mes pasado. A esta teoría se une hoy el propio Santander, primer banco español por activos, en boca de su consejero Matías Rodríguez Inciarte.

Roberto Higuera, consejero delegado de Banco Popular, comentó en la última presentación de resultados que “hay un exceso de oficinas bancarias y de entidades, por lo que es razonable que haya un proceso paulatino de fusiones”. Algo que ya sucedió en la segunda oleada de fusiones bancarias en España entre 1987 y 1996, cuando los grandes grupos bancarios se reestructuraron para redimensionar su red comercial mediante el cierre de oficinas (-10%), reducción de empleados (-20%) y venta de filiales (descendieron de 61 a 42).

“Habrá compras con papelitos, a precios muy inferiores a los de mercado y con una de las dos entidades prácticamente quebrada”, vaticina otro experto de banca que prefiere guardar la privacidad. El analista justifica el último argumento en que no existe incentivo a realizar ninguna fusión, “ya que la gente del consejo pierde su trabajo, nunca se produce una fusión en términos amistosos”.

Para este experto, el matrimonio más probable es el de Popular con Pastor, ya que “son más parecidos, el mangement de Pastor era de Popular, y no tendrían que acometer más desinversiones que aquellas que generen sinergias en la integración”. Es decir, la venta de sucursales que se encuentren, por ejemplo, en la misma calle y que se venderían a otra entidad.

Tres oleadas de fusiones en democracia

En 1978, el mercado español se abre a las entidades foráneas aunque con limitaciones de actuación. Dos años después, la crisis industrial les da vía libre para hacerse con entidades que atravesaban grandes apuros, lo que les permite competir en igualdad de condiciones. Además, se adoptan una serie de planteamientos que inician el proceso de desregulación del sistema bancario. En 1987, se liberalizan todos los tipos de interés y las comisiones y la reducción del coeficiente de inversión, recuerda Julio Argüelles Álvarez, de la Universidad Complutense de Madrid.

- Entre 1977 y 1987, el número de bancos aumentó de 110 a 136. En ese periodo, se crearon dos nuevos bancos nacionales y desaparecieron diez, siete de los cuales fueron absorbidos. Además, se crearon 36 nuevos bancos extranjeros, se produjo la crisis de 56 entidades, de las cuales 35 de ellas se encuadraron dentro de los ocho grandes grupos bancarios. Además, las oficinas aumentaron de 10.205 a 16.449 en diez años, mientras que el número de empleados se redujo de 171.238 a 156.986.

Según el informe de Argüelles Álvarez, este periodo se define por “un notable aumento del número de bancos que pasaron a englobarse en la órbita de los grandes, un ligero repunte en el nivel de concentración en la vertiente del activo y un significativo avance en el grado de concentración desde el punto de vista del pasivo”. Si en 1977 los ocho principales grupos, por este orden Banesto, Central, Hispano, Bilbao, Vizcaya, Santander, Popular y Exterior, englobaban 34 entidades, en 1987 duplicaron ese número hasta el 45% del total del sistema financiero español.

- Entre 1987 y 1996 se produjeron grandes procesos de fusión y concentración entre las grandes entidades y una posterior reorganización interna de los grupos bancarios. En medio de un contexto de “gran movilidad en el sector debido a la legislación y actuación de las autoridades, más permisiva para la creación de nuevos bancos, y a la mayor libertad concedida a la banca extranjera para operar en el país”, dice el experto.

La gran banca española comenzó a integrarse en enero de 1988 con la fusión de Banco de Bilbao con Banco de Vizcaya, una vez que el primero intentó comprar Banesto de forma hostil. Ese mismo año, se frustró la unión entre Banesto y Banco Central, mientras que en 1991 se crea el holding público Argentaria, que engloba Banco Exterior y sus entidades filiales. Ese mismo año, se crea el Banco Central-Hispano. El proceso concluyó en abril de 1994 con la operación de compra de Banesto, que había sido intervenido por el Banco de España en diciembre de 1993, por parte de Santander.

Como resultado final, dice Argüelles, de todas estas operaciones los ocho grandes grupos bancarios españoles (siete privados y uno público) existentes en 1987, quedaron reducidos a cinco (cuatro privados y uno público), “situándose muy rezagado respecto a los cuatro primeros el Banco Popular que no participó en ningún proceso de concentración”. Tras este gran proceso, se redujeron de forma sustancial oficinas y empleo y se produjeron venta de filiales.

- En enero de 1998, en plena era de la moneda común en Europa, comienza el tercer proceso de concentración bancaria en España y el resto de Europa. Santander se fusiona con el Central Hispano. En octubre de 1999, BBV y Argentaria se unen en una sola firma en una fusión entre iguales. Pocos meses después, los dos gigantes financieros nacionales dan el salto definitivo al exterior.

Fuente | invertia.com