La crisis económica ha iniciado una nueva fase. Si hasta ahora la destrucción de empleo ha sido especialmente intensa en las pymes y en las actividades relacionadas con la construcción y la promoción inmobiliaria, los datos más recientes indican que la gran empresa se ha contagiado definitivamente del deterioro general de la economía. Eso es lo que estima el Servicio de Estudios del Banco de España, que trabaja ya con la idea de que en los próximos meses se va a producir un ajuste intenso en el nivel de ocupación.

En palabras de su director José Luis Malo de Molina, “es difícil mantener el dinamismo, por lo que me temo que con mayor o menor retraso el ajuste llegará a las grandes empresas”, algo que “todavía” no ha sucedido. De hecho, y según los datos de la Central de Balances Trimestral -que refleja la evolución económica de las empresas-, mientras que en las compañías medianas representadas en la muestra las plantillas medias han caído un 0,6%, en las grandes aún se refleja un avance de la ocupación del 0,9%, algo que parece insostenible a la luz de sus resultados económicos.

Esto se debe, en parte, a que en la muestra que utiliza el Banco de España para conocer la marcha de las empresas, las inmobiliarias y las constructoras están subrepresentadas debido a su grado de atomización; pero también como consecuencia de que su capacidad para aguantar una caída de la actividad es más grande debido a su mayor musculatura financiera. Dicho en términos más directos: el tamaño es un factor de resistencia ante la crisis. Esto no significa, sin embargo, que las empresas más grandes estén a salvo de la recesión. Malo de Molina advirtió el pasado viernes al presentar los resultados de la Central de Balances que el elevado endeudamiento de las empresas españolas “es un factor de vulnerabilidad”, sobre todo en “un contexto de grandes tensiones financieras”.

El propio Banco de España ofrece unos datos que no dejan lugar a dudas sobre el elevado nivel de deuda de las empresas. Si en el año 2000, el endeudamiento en relación a su valor añadido se situaba en el 115%, en 2008 se superará el 250%. Para hacerse una idea más cabal de esta evolución, hay que tener en cuenta que en la zona del euro se ha pasado del 150% al 180%, lo que significa que de estar más endeudadas al comenzar la década, están ahora bastante menos que las españolas.

El escaso impacto que ha tenido hasta el momento la crisis económica en las grandes compañías se manifiesta con claridad en los datos que suministra la Agencia Tributaria sobre este tipo de sociedades. A nivel agregado, es decir, teniendo en cuenta todos los sectores productivos, el empleo total ha caído un 1,3% en septiembre respecto al mismo mes año anterior, pero si se descompone esta tasa por actividades, resulta que la ocupación en servicios ha caído sólo un 0,1%, mientras que en comercio y hostelería (con gran capacidad para generar puestos de trabajo) se produce no una caída, sino, por el contrario, un aumento del empleo del 0,8%, lo que puede interpretarse como un hecho verdaderamente extraordinario teniendo en cuenta el periodo recesivo que vive la economía española.

La Agencia Tributaria considera una gran empresa cuando su facturación supera los 6 millones de euros anuales. En estas circunstancias se encuentran 34.899 empresas españolas que juntas cuentan con una plantilla total de 5,45 millones de trabajadores, es decir, casi el 30% de la fuerza laboral total. Sobre este colectivo descansará el ajuste laboral que queda todavía pendiente, y que hasta ahora se ha cebado en las pequeñas y medianas empresas, con mucha menor musculatura financiera que las grandes para aguantar el tirón en un contexto de fuerte caída de la actividad.

Fuente | cotizalia.com