Las enmiendas del PP prácticamente impiden la reelección del presidente

Desde hacía semanas se sabía que coincidirían el mismo día el nombramiento del Consejo de Administración de Cibeles (la corporación de sociedades financieras de Caja Madrid) y el fin del plazo para presentar enmiendas a la modificación de la Ley de Acompañamiento a los Presupuestos de la Comunidad de Madrid. Estos dos acontecimientos aparentemente sin conexión son clave para el futuro de Caja Madrid. Y Esperanza Aguirre supo jugar mejor con los tiempos que el presidente de la entidad, Miguel Blesa.

Poco antes de las doce de la mañana, éste sucumbía a las exigencias de Aguirre y daba acceso al Consejo de Administración de Cibeles a varios afines a la presidenta de la Comunidad: Ángel Acebes, Manuel Lamela y Carmen Cavero. Meses antes, se había opuesto a su nombramiento pero acabó cediendo con la esperanza de conseguir mantenerse en la presidencia de Caja Madrid, a la que fue aupado por José María Aznar. No le sirvió de nada.

Menos de dos horas después de claudicar, Aguirre le ponía casi de patitas en la calle. El PP presentaba al límite del plazo (a las 13.55 horas) unas enmiendas a la ley de acompañamiento en las que le prohíbe ser reelegido en las elecciones de septiembre, salvo si es la propia Aguirre quien le propone en sus listas. Y eso, salvo pacto sorpresa, no va a ocurrir. La lideresa está harta de que Blesa no ceda a sus exigencias y quiere un presidente más afín, por mucho que en las enmiendas se asegure que el objetivo es reducir el peso del sector público en la caja.

Las guerras entre ambos vienen de lejos. La más agria se produjo a cuenta de las opas sobre Endesa. Aguirre exigió a Blesa que Caja Madrid no vendiera su participación en la eléctrica, pero éste se negó a seguir sus directrices con el argumento de que las plusvalías eran muy jugosas y que su deber era con la caja y no con la Comunidad de Madrid. La última gran enganchada la tuvieron el pasado verano, tras el nombramiento de Carlos Vela (hasta entonces consejero delegado de Martinsa Fadesa) como primer ejecutivo de Cibeles. La presidenta puso el grito en el cielo por la vuelta de Vela a Caja Madrid y al final se salió con la suya y éste dejó la corporación.

Las opciones de Blesa son ahora reducidas si quiere seguir al frente de la caja. Su primera salida es hermanarse con Aguirre y conseguir que le presente de nuevo (algo así como un pacto con el diablo dado su pasado reciente). La otra posibilidad, la que ha defendido en los últimos meses, es ir a los tribunales. El argumento sería que la ley no puede cambiar una vez que se ha iniciado el proceso electoral. Y eso oficialmente ocurrió el pasado octubre. De partida, en el PP lo niegan. El portavoz del grupo en la Asamblea de Madrid, David Pérez, aseguró ayer a Público que el proceso electoral “no ha comenzado” y “los censos ni siquiera están cerrados”.

Blesa tampoco tendrá ayuda del PSOE. La portavoz socialista, Maru Menéndez, anunció que su grupo se abstendrá en la votación de las enmiendas porque no quiere entrar en la guerra entre las dos facciones del PP de Madrid. Aunque votara en contra, tampoco lo conseguiría porque el PP tiene mayoría absoluta.

Para el futuro, Aguirre se ha asegurado además que el presidente tenga más poder y que dependa más de la Comunidad de Madrid. Para ello, ha quitado mucho poder al Ayuntamiento de Alberto Ruiz-Gallardón y a IU.

Rodríguez-Ponga y Pizarro, candidatos

Cuando ya se da por segura la salida de Blesa de la presidencia de Caja Madrid, la pregunta ahora es quién tiene Aguirre en mente para sustituirle. Aunque hasta septiembre próximo queda tiempo para tomar la decisión, ya han comenzado a sonar varios nombres que cumplirían las exigencias de la presidenta. Estanislao Rodríguez-Ponga fue el primero en saltar a la palestra. Se le nominó candidato a su llegada al Consejo de Administración de la caja hace tres años. Otro nombre que está en las quinielas es el de Manuel Pizarro, diputado por el PP y que presidió Ibercaja y la patronal de cajas.

Fuente | publico.es