El organismo debe cambiar su objetivo de inflación y continuar bajando los tipos

El pasado jueves el Banco Central Europeo decidió rebajar los tipos de interés 0,75 puntos, el mayor movimiento que ha realizado nuestra autoridad monetaria desde su creación en 1998. Además, mantiene una actitud proactiva en sus subastas de liquidez, atendiendo todas las demandas de las entidades financieras al tipo principal de financiación, ahora fijado en el 2,5%.
En su comunicado evitó hablar de deflación pero mostró un cambio radical en su discurso, aparcando la ortodoxia y defendiendo flexibilidad en el cumplimiento del pacto de estabilidad, aunque remarcó que es fundamental que la política fiscal discrecional tenga carácter transitorio.
Hay que reconocer que tras un año caracterizado por la inacción y en el que las pocas decisiones tomadas han intensificado los efectos de la deflación de activos y de la recesión, ahora el BCE está demostrando una alta dosis de pragmatismo y de determinación para hacer frente a la situación. No obstante, la situación es muy delicada y tiene mucho margen para seguir actuando.

LA VENTAJA de haber fijado un objetivo explícito de inflación es que también te permite luchar contra la deflación. La clave es que el objetivo sea creíble. Para ello el BCE debe garantizar que la política monetaria será lo suficientemente expansiva para contrarrestar las presiones deflacionistas.
Los precios estarán flirteando con la deflación el próximo año, por el desplome de los precios del petróleo, principalmente. No obstante, el peligro de la deflación, como nos enseña el caso japonés, se concentra en la inflación subyacente. Dentro de ella, la recesión mundial forzará a los chinos, que ya han empezado a devaluar su divisa, el yuan, contra el dólar, a competir con precios a la baja en el exterior, por lo que veremos de nuevo deflación en los bienes industriales, algo que era habitual antes del pasado año.
Por lo tanto, hay que centrarse en la inflación de servicios de cada país. En este escenario el BCE tiene varios problemas. En primer lugar, tiene una oportunidad histórica para cambiar su objetivo de inflación y fijar el 2% sobre la inflación subyacente, que refleja mejor el estado de la economía y elimina la distorsión de los precios de las materias primas.

EN SEGUNDO lugar, las órdenes de exportación anticipan un desplome de la actividad exterior y el consumo doméstico sigue deprimido, por lo que la recesión va a ser muy intensa. Adicionalmente, los diferenciales de tipos de interés en el interbancario y en los mercados de capitales siguen en máximos, por lo que los tipos efectivos descontando la inflación siguen siendo extremadamente restrictivos para un escenario recesivo, por lo que el BCE deberá seguir bajando tipos, al menos hasta el 1,5% en febrero del 2009.
La accesibilidad a los mercados de capitales sigue siendo testimonial, por lo que nuestra autoridad monetaria tendrá que mantener su proactividad en las subastas de liquidez para evitar tensiones como las que acontecieron el pasado octubre. Sería conveniente que el BCE alargase los plazos de las subastas hasta un año con posibilidad de renovación y que comprase deuda a vencimiento como hace el Banco de Inglaterra. Eso reducirá la incertidumbre de las entidades sobre la refinanciación de sus vencimientos y permitiría a los gobiernos eliminar las subastas de liquidez nacionales, reduciendo las necesidades de emisión de deuda pública y el efecto expulsión sobre la deuda privada que se producirá cuando se normalice la elevada aversión al riesgo de los inversores internacionales.

DESDE MEDIADOS de octubre el BCE está acertado en sus decisiones, pero aún tiene mucho margen para seguir contribuyendo a la normalización de los mercados financieros y suavizar los efectos de la recesión sobre la deflación de activos. La realidad es que en Europa también podemos, solo nos falta creer en ello, seguir acertando con las políticas económicas y tener paciencia, aunque entiendo que esto último no es fácil con la que está cayendo.

Fuente | elperiodico.com